viernes, 30 de mayo de 2014

Lorenzo sin pértiga y sin alas


“Siempre con voluntad de llegar”
 

Entrevista realizada al poeta Lorenzo Suárez Crespo por Iris L. Madera Iglesias, estudiante de Periodismo




Viernes santo, 10:00 am. Helechos y orquídeas se ensortijan en el portal de esta casa ubicada casi al final de la calle Vandama, en la ciudad de Pinar del Río. Debo realizar una entrevista narrativa. Traigo una cámara de video para  registrar cada detalle.

La sonrisa de un hombre me saluda en el umbral. Viste pantalón carmelita y camisa beige, pero sus sandalias aportan un tono hogareño que delata una  personalidad flexible. A los setenta años se siente feliz, ama la amistad, detesta la envidia. En escribir poesía y promover el arte en la Casa de la Décima halla el recodo para sus sueños.

Su nombre es Lorenzo Suárez Crespo y no imagina una Cuba sin esos versos octosílabos que cronican en rima: “El quehacer de poetas e improvisadores es un acto continuo y espontáneo como las aguas de un río, que nunca puedes detener su corriente. La décima seguirá adelante, siempre ganando espacio, pues cada día son más los que la aman”.

Poco resuelve la tecnología si los sentidos no hacen bien su parte, por eso mis ojos persiguen a este ser delgado, de mediana estatura, cabellos negros y piel  blanca, mientras, escucho su voz tibia como caricia de ángel que me invita a pasar.

—Mi casa es tuya. Acomódate— dice ofreciendo un  butacón.

—Gracias.

—Pero, además de esta, tienes la Casa de la Décima, que también es tu casa. Espera un momento, que voy a buscar mis otros espejuelos. Los que llevo puestos solo sirven para ver de lejos.

Aguardo sentada al anfitrión, en tanto, alisto los materiales para registrar el diálogo. Grabadora, libreta y bolígrafo sobre la mesita de centro, me dispongo a preparar la cámara, pero falta el estuche con las baterías. Comienzo a hurgar en la cartera, rezando a Cristo todopoderoso o alguna deidad patrona de los periodistas novatos. Paso revista a cada objeto: billetera, espejo, lápiz labial, computadora, un libro.... ¡uff!..., malditas baterías que no quieren aparecer. Ocho veces las he buscado sin éxito, todo en escasos segundos. Definitivamente se quedaron en casa. Estoy sudando. ¿Qué hago?

Absorta en mis preocupaciones no he notado a Lorenzo que acaba de regresar.

—¿Qué te pasa? ¿Se te ha perdido algo?— pregunta  al percibir mi descontrol.

—Disculpe, pero creo que tendré entrevistarlo a la antigua —le explico con la voz en un hilillo—. Se me han quedado las pilas de la cámara.

—¡Ah Niña, eso no es problema! Espérame aquí, que voy a buscar la mía. No te preocupes, a cualquiera le pasa.

—Muchísimas gracias- simulo una sonrisa para disfrazar mi vergüenza y lo observo atravesar una puerta pintada de blanco. La deferencia es una de sus tantas cualidades.

Mientras espero nuevamente al poeta, escudriño la sala. Seduce el naranja  rojizo de las paredes, desprovistas de flores, fotos familiares o algún otro adorno. Solo hay cuadros, como en una galería. Uno de ellos recrea un corazón que lacta una ubre asida a la anatomía del mapa de Cuba.

—¿Interesante, no? —Otra vez me sorprende Lorenzo— Estas pinturas son de mi yerno Iván Morales, joven promesa de la plástica en Vueltabajo.

—¿Otro creador en la familia?

—Sí, aquí todos amamos el arte. Mi esposa Irma trabaja en la Editorial Cauce, Iván pinta, mi hija es médico pero tiene una gran sensibilidad y mi nieta Carolina es el alma de este hogar, le gusta cantar, bailar y dibujar. Esta es mi familia pequeña; la más grande habita en la Casa de la Décima Celestino García.

—¡Que también es mi casa! —Interrumpo parafraseándolo.

—¡Sí! —sonríe— aquella también es tu casa. Allí tengo a mis amigos, admiradores y a todos los cultores de la décima y la música campesina, somos una familia gigante, hispanoamericana. Cada sábado se reúnen personas de distintos grupos etarios y extracciones sociales. Como cénit cultural de la comunidad, hemos revolucionado el reparto Celso Maragoto.

“Nuestro cometido es continuar la tradición de la décima escrita e improvisada, además promocionar la labor de los escritores y poetas que la defienden. Para atesorar estos valores hemos creado un centro de documentación llamado Amauta. Lo más importante es brindar a la colectividad alimento para el espíritu”.

—¿Amauta?

—En las antiguas civilizaciones de Hispanoamérica se les llamaba amautas a los sabios de las tribus, hombres de gran espíritu. Denominamos así a nuestros archivos pues hoy nos encargamos de salvaguardar las obras de nuestros creadores.

Acreedor de la Medalla de Oro José Vasconcelos, otorgada por el Frente de Afirmación Hispanista de México, Lorenzo hace gala de sus conocimientos de la historia y literatura iberoamericanas. Además de su obra literaria, no abandona su vocación de maestro, licenciado en Humanidades  desde 1979.

—¡Ay, con tanta charla, ya se me olvidaba! Aquí tienes mi cámara, cuando quieras puedes comenzar.

—Un millón de gracias —respondo mientras me dispongo a filmar, aunque, a decir verdad, esta película ha comenzado desde hace rato.



1,2,3. ¡Grabando!

Bahía Honda, segunda mitad de la década de 1940. En la quietud del campo, juega un niño con sus cinco hermanos. Se llama Lorenzo, tras el vuelo de zunzunes viaja en sus fantasías. Ama los libros y admira mucho al padre, quien a pesar de ser guardia rural es un hombre íntegro y noble.

La madre es ama de casa. Cocina, friega y limpia entonando décimas sobre las hazañas de nuestros héroes en las guerras independentistas.

—Cuando terminen sexto grado, deben seguir estudiando —aconseja a los hijos. Ella quiso ser maestra, pero sus padres lo impidieron, por eso hoy se ha convertido en preceptora de sus pequeños.

Lorencito siempre la escucha. Cursa mecanografía, taquigrafía e idiomas. Años después, el magisterio lo atraparía en sus redes, al igual que una muchacha matancera que lo haría partir dejar su querido pueblito. Este primer matrimonio sería fragua de caminos en Cárdenas.

“Allí comencé a escribir para niños. Fui metodólogo de Español y participé en talleres literarios, además, publiqué mi primer libro titulado Una pluma en la corriente, cuenta las aventuras de una ranita que se desprende de una rama y navega río abajo”.

Pero pronto aquella décima amiga que lo acompañaba desde su  infancia centra su obra poética.

Cárdenas, dulce recreo
reliquia de inspiración,

Así le cantaba el poeta pinareño a la ciudad que lo acogió como hijo.

“Desde aquella época ya me interesaban los temas existenciales, en esa línea salían a relucir la amistad, el amor, los asuntos patrióticos, pasiones humanas, las inquietudes y añoranzas. Fueron años muy felices, hasta que, por razones familiares, decidí regresar a Bahía Honda en 1989. Allá viví hasta el año 2000, fecha en que llegué a la ciudad de Pinar del Río con mi esposa actual y mi hija.

“Como ves, he tenido una vida azarosa, pero, de cierta manera, toda vida es compleja, llena de vicisitudes.....” —insinúa una sonrisa melancólica que saca a la luz mis “dotes” de psicoanalista. Me pregunto qué malos recuerdos asedian la mente de Lorenzo en estos instantes. Pero, bueno, dejémosle eso a Freud, yo solo puedo ayudarle cambiando de tema:

—Hablemos de literatura infantil, ¿cómo puede imprimirle novedad a sus décimas para niños sin renunciar a lo tradicional implícito en este género?

—Antes de contestar a tu interrogante revisa bien, no vaya a ser que se llene la memoria de la cámara o se le acaben las baterías—. Simplemente, mi interlocutor no deja escapar un detalle.

—No, no se preocupe, todavía nos queda espacio y baterías.

—¡Uff!, qué bueno —sonríe—.Volviendo a tu pregunta, la esencia está en que cuando se escribe una décima de este tipo debemos emitir un mensaje edificador y sobre todo, lograr que este mensaje llegue; hacer que el pequeño se sienta contento y que a la vez aprenda algo. Con los niños en las peñas, siempre entablamos una conversación y, si, por ejemplo, estoy hablando de números les digo esta décima:

El 1 le dice al 2
Hay fiesta en casa del 3
Mientras el 4, a su vez,
llama al 5 en alta voz.....

Mientras recita su estrofa, dibuja cada número con sus dedos, y yo me pierdo tras ellos como una de esas niñitas que lo escuchan en las tertulias.

—Eso les gusta muchisímo —asegura—, así combino la literatura con la parte lúdica, como dijera Martí, fundir la utilidad y la virtud.

—Pero, últimamente, la vorágine de la tecnología  distancia a  los niños del libro.

—Es muy difícil luchar contra eso. Ahora tengo esa experiencia muy cercana con mi nieta. Siempre trato de acercarla a la poesía y otros géneros literarios pero la costumbre de estar sentada frente a la computadora, viendo muñequitos, la aleja un poco. Creo que la solución es saber combinar las cosas. En mis encuentros con los niños intento inculcarles el amor por la lectura como la premisa más importante pues el libro es insustituible.

Un sabroso jugo de piña deviene pretexto para este interludio. Irma, la esposa de Lorenzo, se luce como anfitriona. En este punto de la conversación, es tiempo para conocer a una vocecilla que he estado escuchando en off desde hace un ratico. Parece que su abuela la tenía “atajada” para que no interrumpiera nuestro diálogo, pero el abuelo me complace y la llama. Mientras esperamos, describe a su joyita:

—Carolina es inquieta como los niños de nuestro tiempo, es como un cervatillo, muy ágil, pero tiene cosas muy interesantes que me motivan para escribir. Le gustan mucho los títeres, en el libro que estoy preparando aparecen poemas  que reflejan sus juegos con estos personajes.

Entonces, llega la “reina de Roma”. Trae en sus manos un caracol y me regala un besito de esos que se te quedan incrustados como calcomanía.

—Yo me llamo Carolina. Yo le dibujé una casa a mi mamá, ....le hice caracole, lo caracole son pequeños y lo niños somo grande...... a ver yo te lo enseño el caracol mío —Caro tiene casi cinco años, todavía habla un poquito enredado, creo que esto es parte de su encanto.

—Le encantan los caracoles —cuenta Lorenzo hinchado de orgullo—. Ella es el centro de atención, el punto mágico a donde van las miradas en esta casa.

La niña dice adiós, va de paseo con papá y mamá. Besa con picardía a su abuelito, quien ahora me cuenta sobre sus textos publicados: Una pluma en la corriente, Ofrenda Lírica, Leyenda de los números, Cantos del pequeño juglar, Daniela va al preescolar, Versiones sobre la nostalgia, Malaras refraneras... y más. En cada uno late la historia de vida y los derroteros de este hombre, para él todos son especiales.

—Las antologías también me han reconfortado mucho —dice— pues recogen mi labor como promotor. En este sentido, el Frente de Afirmación Hispanista de México ha contribuido con su apoyo, por ejemplo, publicaron, ente otras, la  primera Antología de la Décima en Vueltabajo, que registra las obras de más de 50 poetas que estaban en el anonimato pues desde 1875 no se acometía una tarea como esta.

—A propósito, usted obtuvo el Premio Nacional de Cultura Comunitaria y el Olga Alonso, ¿qué opina sobre la promoción cultural en Pinar del Río?

—Bueno, en ese aspecto estoy insatisfecho. A veces olvidamos que, en materia de promoción, es importante divulgar obra y vida de los artistas. Existen muchas alternativas que pueden explotarse, lástima que todo quede en pequeños eventos al calor del momento, por ejemplo, el ejercicio práctico de la Casa de la Décima ha logrado que las personas volteen la mirada, sin embargo aún no son suficientes los programas de radio y TV que promocionen este arte, aunque en Vueltabajo ya los medios comienzan a acercarse a nosotros, pero todavía no podemos afirmar que la décima está bien tratada. Creo que deberían existir más programas dedicados al arte y la literatura, pues, en ocasiones no falla la tecnología, es que falta voluntad.

Diciendo esto, toma un libro de sonetos que, sobre la mesita, atestigua nuestro diálogo.

—Esta es mi última publicación. Se nombra Sin pértiga y sin alas, y me llena de orgullo. Es como recoger toda la esencia del desarrollo humano y de mí mismo como escritor, por eso, te lo voy regalar.

Lorenzo cambia sus anteojos. (Ahora entiendo para qué había traído esos que le ayudan a ver de cerca). Escribe algo en la primera página que activa mis emociones.

Le agradezco y noto que la tarjeta de memoria de la cámara está casi llena. Cuando las almas se conectan, el tiempo escapa callado cual ladrón de instantes. Son las 12: 35 pm, solo queda espacio para una última interrogante:

—Si pudiera guardar en un cofre los objetos que lo definen como persona, ¿qué no podría faltar?

—Bueno, me has puesto a pensar...... —el dedo índice acaricia su barbilla—......Pienso que guardaría tres libros, uno de décimas, uno de sonetos y otro de literatura para niños. En ellos va mi madre, mi esposa, mi hija, mi nieta y toda la familia (que incluye a las amistades). En mis libros va la impronta de mi vida.

No encuentro mejor final para sellar más de dos horas de diálogo. Como en una telenovela barata, la despedida es triste. Realizar una entrevista narrativa  era mi misión al llegar a esta casa, pero, más que el afán de cumplir una tarea escolar, he alcanzado el éxito mayor: conocer un amigo.

Sonrío a ese hombre que me dice adiós entre helechos y orquídeas. Ahora leo la dedicatoria que escribió en ese libro  de sonetos que guardaré para siempre. En portada, un corazón sobrevive atado a tres palmas, ya puedo reconocer que es otra pintura de Iván Morales, pero, el título de este volumen me atrapó desde la primera vez que lo escuché en la voz de su autor:

“¿Por qué Sin pértiga y sin alas? Muy sencillo, porque al cabo de tantos años de vida, llega la consagración y me siento feliz, pero volteo la vista y percibo que he alcanzado este punto luchando en una cuerda floja. Unas veces peleando contra las vicisitudes, otras, contando con el apoyo de los demás, pero siempre con la voluntad de llegar.

“La vida es una lucha de amores y desamores, comprensión e incomprensión. Se necesita alas para volar y pértigas para mantenerse. Creo que, en la mía, han predominado las alas, pero estas son  invisibles, por eso, hay que seguir luchando”.



DEL ESCRITOR ENTREVISTADO:

Lorenzo Suárez Crespo (Bahía Honda, Pinar del Río, 1943) Emblemática figura de la poesía en décimas en la provincia. Licenciado en Literatura y Español. Cuenta con una amplia trayectoria de trabajo cultural que le valió en 1999 el Premio Nacional de Cultura Comunitaria, numerosos premios literarios y varios libros publicados, entre los cuales tiene un peso considerable la poesía para niños. De su decimario La brújula del viajero puede ver mediante este enlace el poema ¿Por quién doblan las campanas? También en nuestros archivos, su comentario sobre el decimario Con mi guitarra de invierno, de la doctora Lourdes de la Caridad Gutiérrez Álvarez, publicado por la Editorial Loynaz. Es un destacado colaborador de este sitio, al que mantiene informado sobre las actividades de la pinareña Casa de la Décima Celestino García; entre ellas, las tributadas a los fallecidos José Miguel Mederos y Polo Montañez.

SUS MÁS RECIENTES COLABORACIONES:



SOBRE ESCRITORES DECIMISTAS DE ESTA PROVINCIA:
PINAR DEL RÍO