viernes, 20 de enero de 2017

Jorge Betancourt y su Cita seráfica


Un poema humorístico en glosas
 
Foto: Zeide Balada Camps

El humor y la poesía en décimas le brotan por igual, a borbotones, como parte de su propia naturaleza. Sin esos atributos, sería difícil imaginar a Jorge Adrián Betancourt Quintana (Santiago de Cuba, 1964; radicado en el municipio de Guisa, provincia de Granma). Trovador además de poeta, ha obtenido varios reconocimientos por su obra en versos en concursos nacionales y provinciales, entre los que se destaca el premio 20 de octubre, que le valió la publicación de su primer libro Diálogo inconcluso con una muchacha que sonríe. Trabajos suyos aparecen publicados en revistas y antologías, como Ventana Sur. En julio del 2010, durante la XLIII Jornada Cucalambeana, su poemario La red y el cardumen conquistó mención en el concurso iberoamericano Cucalambé. En el XI concurso nacional Ala Décima (2011) mereció, con su cuaderno Catálogo de voces, el Premio Célida Cortina de tema comunitario. Su libro Nosotros los cobardes, escrito en coautoría con Alexander Aguilar, mereció el Premio Iberoamericano Cucalambé 2012. En esa misma premiación, obtuvo el lauro del Concurso nacional de glosas Canto Alrededor del Punto, con la obra Paráfrasis del convicto. En el 2016 conquistó el Premio iberoamericano de décima humorística, otorgado en la 49 Jornada Cucalambeana. Ingresó en el 2013 al Grupo Ala Décima para fundar su Filial en la provincia de Granma. Integró el Jurado del XVII concurso Ala Décima 2017. Gracias a su gentileza, compartimos este poema suyo en glosas, donde la chispeante ocurrencia y el alto sentido de la hermandad van de la mano:


CITA SERÁFICA, EN LA ÚLTIMA
PEREGRINACIÓN ANTES DEL RAPTO

Para mi hermano Alexander Besú, El Francmasón
de turno, y por supuesto, para el resto de los implicados.

Camino pobre de pies
crucificando mi oda
como el último rapsoda
perdido en la ingravidez.

A. Besú


Nuevamente voy al puerto
de las brumas. Sobre el muelle
está el marino Popeye
junto a Caronte. Despierto
y me palpo, no estoy muerto.
Sacudo la pesadez
de mis miembros y después
con un lábaro en la mano
igual que un príncipe enano
camino pobre de pies.

Me fugo cual los amantes
por el valle de los ecos,
Serrano viaja en los huecos
de mis pies itinerantes.
Freddy Laffita, en instantes
se vuelve el bardo de moda,
Péglez oficia la boda
de la vida con la muerte
y Borrego se divierte
crucificando mi oda.

Todo pasa y todo queda
detrás de mi lento andar,
Esquivel se bebe el mar
y regurgita. La seda
se vuelve hierro, la rueda
ángulo, el pasado roda,
desde una vieja pagoda
Ale y Ronel me disparan
y ya muerto me declaran
como el último rapsoda.

Resucito al cuarto día,
allí donde un francmasón
me hace beber de un tirón
el cáliz de la poesía,
y oyendo la sinfonía
del Concierto de Aranjuez
brotan alas de mis pies
y me evado del presente,
ya, definitivamente
perdido en la ingravidez.


Imagen: Hombre riendo, de Rembrandt.