martes, 14 de abril de 2015

Nicolás Guillén: La décima entera


De la Glosa de El son entero
al soldado Miguel Paz, pasando
por
la Elegía camagüeyana
 


La Glosa de El son entero, aquella en que le sirve para finalizar las cuatro décimas una redondilla del venezolano Andrés Eloy Blanco -“No sé si me olvidarás,/ni si es amor este miedo:/yo sólo sé que te vas,/yo sólo sé que me quedo”- integra la plenitud a que alude el título de aquel libro publicado en 1947, en la cima de sus sones.

Con el aliento de los españoles Lope de Vega, Calderón de la Barca, Jorge Guillén y Gerardo Diego, del uruguayo Julio Herrera Reissig, de la chilena Violeta Parra, el autor de Motivos de son sobresale entre los muy reconocidos poetas que contribuyen al esplendor y trascendencia de esta forma estrófica, con grandes recursos expresivos.

De manera generalizada se admite que “la espinela se convirtió en la forma predilecta de decimar, sobre todo glosando y desglosando los cuatro versos de una cuarteta en cuatro décimas explicatorias de pie forzado”. Se trata de una estrofa enriquecida en Latinoamérica, temáticamente al menos, por los habitantes de origen peninsular, los indios diversos y los negros, tanto esclavos como libres y cimarrones.

En Como la palma del llano, de Guillermo Cházaro Lagos (1), queda definido, por ejemplo, que la décima sotaventina, hacia el sureste de México, “provino de Cuba, cuando las luchas libertarias de la isla arrojaron a cerca de tres mil cubanos (plantadores, ganaderos, tabacaleros, jornaleros y educadores) por todo el litoral del golfo”.

Citando a otros analistas, afirma que “azúcar, tabaco, décima y danzón fueron el aporte isleño a la conformación final de nuestras querencias y evocaciones líricas y musicales. La décima de hoy, sones como El Zapateado y el Jarabe Loco, tienen desde entonces ese aire guajiro que nos hermana con la Perla del Caribe”.

El autor Héctor Martínez (2) refiere en Sobre la décima y la espinela que esta “cruzó el charco y se implantó en las Américas, por ejemplo en Cuba, Panamá, Puerto Rico, Ecuador, Venezuela, México o Argentina, en recitales de improvisación oral como la principal estrofa popular”.

“En esta línea”, añadía, “son conocidos los payadores argentinos y autores como Nicolás Guillén y Sor Juana Inés de la Cruz”.

Al perseguir la décima en la obra de Guillén uno se encuentra que, luego de la Glosa de El son entero, las más inmediatas en una de sus obras son las tres de la Elegía camagüeyana –su gran síntesis autobiográfica-, en ocasiones entonadas por campesinos de su región natal, sin que en ciertos casos supieran ellos quién pudiera haber sido el autor.

Mas el desconocimiento no evidenciaba ignorancia, sino la popularidad ejemplar de las composiciones: “Clavel de la madrugada,/ el de celeste arrebol,/ ya quema el fuego del sol/ tu gran corola pintada./ Mi bandurria desvelada,/ espejo en que yo me miro,/ desde el humilde retiro/ de la ciudad que despierta,/ al recordar a mi muerta,/ se me rompe en un suspiro. (3)

“Aquí estoy ¡oh tierra mía!/ en tus calles empedradas,/ donde de niño, en bandadas/ con otros niños, corría./ ¡Puñal de melancolía/ este que me va a matar,/ pues si alcancé a regresar,/ me siento, desde que vine,/ como en la sala de un cine,/ viendo mi vida pasar! (4)

“Mi madre está en la ventana/ de mi casa cuando llego;/ ella, que fue llanto y ruego,/ cuando partí una mañana./ De su cabellera cana/ toma ejemplo el algodón,/ y de sus ojos, que son/ ojos de suave paloma,/ latiendo de nuevo, toma/ nueva luz mi corazón.” (5)

Son tres décimas del más alto vuelo, en una ciudad donde este género ha formado parte de lo más íntimo y también de lo festivo.

De tal modo llegan a trascender las espinelas de Guillén, que lo culto se torna popular y lo popular culto. Esta vertiente de su obra, de gran significación política, asume también el compromiso enorme y riesgoso de la lucha de clases, incluidas la alianza y la integración social y racial, como en la XLV de El soldado Miguel Paz y el sargento José Inés:

El montuno y el obrero/ (digo el campo y la ciudad)/ están en pie de igualdad,/ ni segundo ni primero./ Y si el indio lastimero/ partió con su caracol,/ hijos son de un mismo sol/ y darse deben la mano,/ el nieto del africano/ y el nieto del español. (6)

Su Sátira política (1949-1953) refleja, asimismo, fenómenos de la vida pública nacional con la ironía de rigor, pues en la situación de entonces el llanto y la carcajada iban de la mano: “Investigando con celo/ se ha podido averiguar/ que hay un relajo sin par/ en el Presidio Modelo./ Sin embargo, el desconsuelo/ no cunda ni el pesimismo,/ pues si el colmo es del cinismo/ lo que allá por dentro pasa,/ no es sólo en aquella casa:/ ¡por fuera pasa lo mismo!”. (7)

Con máximo rigor, las décimas de Guillén muestran cómo se puede lograr la mejor obra políticamente comprometida, mediante una simbiosis en la que se funden lo nacional, lo racial y la sensibilidad popular en un arte estéticamente mayor, aun con versos llamados de arte menor.




(1) Guillermo Cházaro Lagos: Como la palma del llano, ed. digital.

(2) Héctor Martínez: Sobre la décima y la espinela, ed. digital.

(3) Nicolás Guillén: Elegía camagüeyana, Obra poética, tomo I, ed. Letras Cubanas, La Habana, 2011, p. 262.

(4) Nicolás Guillén: Ídem, p. 263.

(5) Nicolás Guillén: Ídem, pp. 265-266.

(6) Nicolás Guillén: El soldado Miguel Paz y el sargento José Inés, Obra poética, tomo I, ed. Letras Cubanas, La Habana, 2011, p. 239.

(7) Nicolás Guillén: Sátira política, Igual (Se refiere a la entonces prisión de Isla de Pinos.), Obra Poética, tomo I, ed. Letras Cubanas, año 2011, La Habana, pp. 295-296.




Vea la versión original, mediante el siguiente enlace, en el periódico Trabajadores: Guillén: La décima entera
 


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