domingo, 29 de diciembre de 2013

III Encuentro de Escritores Rurales, resumen


Allá lejos, tierra adentro

Por Pedro Péglez González
Fotos de archivo

San José, Colombia, Las Tunas.— Misleidy Rodríguez Palmero llegó atrasada al Hogar literario: Ya era noche y el evento había empezado por la tarde. Se disculpó: Acababa de arribar en un tractor, con su pequeño hijo. Pero excusarse e incorporarse —junto a Miguel Mariano Piñero, su solícita esposa Mercy y un grupo de fraternos secuaces— a las tareas de preparación de la comida para la treintena de invitados, fue la misma cosa. Y así de rápido, cumplida esa faena de atenciones y la de su propio alimento, desapareció para volver vaporosa en un vestido fresco y atractivo, que revelaba más aún a la bella muchacha que es, y partió con el grupo a la lectura poética prevista, para compartir con nosotros su otra hermosura mayor: la de sus versos.

Cada mañana, cuando el sol es todavía una promesa de la luna, los residentes en la comunidad de San José (algo más de mil) salen a su quehacer cotidiano en los campos cercanos o en la cabecera municipal, el poblado de Colombia, antes Elia, distante 16 kilómetros, los cuales deben transitar en un camión de pasajeros por un terraplén abrupto que a los forasteros se nos hace interminable. Los escritores de San José, por supuesto, no son la excepción, y varios de ellos cubren casi a diario ese trayecto. Como Marcelo Leal (en la foto), que forma parte del equipo de especialistas literarios de Cultura municipal. Miguel Mariano, en cambio, va en sentido contrario: un transporte lo recoge, también antes de la amanecida, para recorrer unos 20 kilómetros en dirección opuesta, hasta la camaronera donde trabaja como técnico de nivel superior. Es decir, a más de 30 kilómetros de distancia de la cabecera municipal.

Esta es la realidad de vida de los escritores de aquí y de muchísimas comunidades similares a lo largo y ancho del país. A partir de la formación literaria derivada de tantas décadas de quehacer de los talleres literarios, las necesidades y capacidades de expresión en narrativa o poesía son vastas, y lógicamente están en desventaja promocional por la lejanía de los centros culturales principales, a pesar de los esfuerzos que se hacen por paliar esas limitaciones. Esfuerzos de los cuales son protagonistas no sólo las estructuras regionales de Cultura, sino también los propios autores. En San José, por ejemplo, el ya mencionado Hogar literario —que acoge peñas y talleres literarios— radica desde el 2010 en la propia casa de Miguel Mariano, y en otra vivienda de la comunidad se fundó en 1999 una Casa de la décima.

El 30 de marzo del 2013, estos empeños cristalizaron en la fundación del Grupo de Escritores Rurales (GNERarte), autodefinido como proyecto atípico y necesario, con creadores de Las Tunas, Camagüey, Granma y Holguín, que eligió a Miguel Mariano como su presidente, y a lo largo del año propició peñas, conferencias, recitales poéticos —siempre en intercambio con la población de los asentamientos—, dio pasos iniciales en el afán de estudiar las identidades regionales respectivas, llevó a cabo dos encuentros, creció hasta 47 miembros —incluyendo de Santiago de Cuba, provincia que no estuvo representada entre los fundadores—, y realizó el 16 y 17 de diciembre su tercera cita con tres decenas de escribas invitados, procedentes de las mencionadas latitudes y también de Sancti Spíritus y La Habana.


EL EVENTO

En la tarde del primero de esos días fue la bienvenida al camión cargado de escritores, quienes “sin quitarse el polvo del camino” —que era mucho— se trenzaron en abrazos con los anfitriones del Hogar literario, donde además esperaba afectuoso y atento el presidente del Consejo Popular, Eusebio, también poeta decimista, quien fue partícipe activo de todo el evento.

Apenas una hora después, ya la explanada de la escuela local era testigo de la primera acción artístico-literaria: una amplia tertulia donde actuaron talentos musicales del plantel y los invitados leyeron poemas e intervinieron para ofrecer aproximaciones teóricas al tema de la ruralidad, momento que también aprovechó la poetisa Merari Mangly Carrillo, presidenta del grupo de decimistas espirituanos Toda luz y toda mía para hacer pública entrega a Miguel Mariano Piñero del lauro colateral que mereció en el II concurso nacional de esa agrupación, cuya ceremonia de premiación se efectuó en noviembre.

Esa misma locación acogió, bajo la noche que quiso ser estrellada y húmeda, una extensa e intensa lectura poética de intercambio entre escritores locales y visitantes, a la cual acudió, desde la distante ciudad de Las Tunas, el director provincial de Cultura, Álvaro Caballero, junto con otros directivos de esa instancia.

Y erró, si hubo alguien que apostara por encontrar en el discurso poético de los escritores rurales, por su condición de tales, un apego a la inmediatez paisajística o a la realidad exterior. Nada de eso. En la elevada proyección estética de estos talentosos creadores predomina la poesía como introspección existencial y hasta ontológica, de algún modo reflejo de las ya apuntadas circunstancias geográficas que los condicionan y desfavorecen, y ante las cuales ponen su empeño de crecerse como artistas de la palabra. Véase ello, como simple botón de muestra, en esta décima de Miguel Mariano, incluida en un plegable impreso por GNERarte con textos de varios de sus miembros, para ser distribuido en este III Encuentro:

 
Yo también sentí una guerra
de miedo llenar mi mundo,
viajé al infierno profundo,
temí la sombra que encierra.
Fui duda en lejana tierra
con esa atracción suicida
de volver, y la estampida
hirió el polvo del desierto.
Cedí mis alas al muerto
para volar por la vida.


O en estos fragmentos de un poema en versos libres de Misleidy, quien como casi todos los mílites de GNERarte cultiva por igual las estructuras poéticas abiertas y cerradas:


¿Qué es la vida sino fantasía que nos absorbe
en el espacio subjetivo de la mente?

¿Cómo confinar al destierro
esta condena de vivir ocultos de sí?

(…)

¿Cómo escapar del tiempo,
rezagarnos al olvido
y no ser el polvo de esperanza que ciega nuestros ojos,
la espuma perdida del viento?


La segunda y final jornada debió ser más corta, en favor de no abusar del alojamiento que en la primera noche dieron en sus viviendas los amables pobladores. Pero fue igual una vehemente y alegre jornada artístico-literaria: Lecturas poéticas y presentaciones de libros para los residentes del asentamiento, a cargo de escritores invitados y locales, entre ellos reconocidos autores como Argel Fernández y Carlos Esquivel, presidente y miembro, respectivamente, de la Filial provincial del Grupo Ala Décima en Las Tunas y también directivos de GNERarte. Y un bailable como colofón, en el círculo sociocultural de la comunidad.

Al final, unos pocos pernoctamos nuevamente en el fraterno hogar de Miguel Mariano y Mercy, para despedirnos, antes de la amanecida, de ellos y de San José, como humildes hijos de ese poblado, hacia el camión y el terraplén con rumbo a la cabecera municipal de Colombia. Íbamos con la certidumbre de que el encuentro nos había hecho, parafraseando al insigne trovador, un tilín mejores como escritores y como seres humanos. Y con la certeza de que allá lejos, tierra adentro, palpita y crece, contra toda adversa circunstancia, la poesía.





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