martes, 4 de diciembre de 2007






Sobre un ángel

de apellido Augier




Por Virgilio López Lemus
Tomado de G
ranma

Ningún poeta cubano había alcanzado jamás la edad de 97 años. Cuando hoy 1º de diciembre Ángel Augier, nacido en 1910, abra sus ojos al día, Cuba tendrá un poeta de esa edad y los cubanos lo celebraremos con gozo. Comenzó muy joven, era un chico veinteañero cuando tomó dos decisiones transcendentales para su vida, ambas durante el infausto machadato: publicar su primer libro de poemas Uno (1932), y mudarse luego para La Habana desde el Central Santa Lucía, en Gibara, Oriente, donde había nacido, y donde comenzó a trabajar en las oficinas del ingenio azucarero y a vincularse con el primer Partido Comunista, motivo por el cual se le considera actualmente como el militante más antiguo de la Nación. Con el tiempo, se convertiría en el más importante entre los estudiosos de la obra de Nicolás Guillén, su labor lo ha llevado a ser uno de los críticos literarios de mayor significación del siglo XX cubano, y de lo que va del XXI. Con una veintena de libros de poemas publicados y otros varios de ensayos y compilaciones muy diversas, implanta ahora el aludido récord de sobrevivencia en nuestras tierras insulares.

ÁNGEL AUGIER, EJEMPLO VIVO DE AMOR POR LA POESÍA

Así es que los cubanos tenemos muchos motivos para celebrarle a Augier un año más de vida. Nuestro Premio Nacional de Literatura (1991), ha sido condecorado con algunas de las distinciones más altas del país (Orden Félix Varela de Primer Grado, 1982) y de otras tierras, y sigue siendo un hombre útil, querido y respetado, un escritor e investigador incansable, alguien que de continuo está pensando en su último libro, que es el que tiene entre manos, el que organiza ahora mismo. Tenacidad, sentido del deber creativo, honestidad y limpieza de alma, son algunos de los dones que nos deja ver el que antaño fuera subdirector del Instituto de Literatura y Lingüística (de donde es Investigador de Mérito), vicepresidente de la UNEAC, y sobre todo un trabajador de sobrada ejemplaridad (Héroe del Trabajo, 2004).

Nacido el mismo año que José Lezama Lima, José Ángel Buesa y Dora Alonso, Augier ha entregado poemarios de alta calidad lírica, como Isla en el tacto (1965), Todo el mar en la ola (1989), o la notable compilación de su obra lírica en Antología poética (1928-2000), editada en el 2005.

Algunos de sus ensayos medulares se refieren a Guillén, y otros a las estancias cubanas y las relaciones con nuestra cultura de grandes personalidades como Rubén Darío, Pablo Neruda, Federico García Lorca o Rafael Alberti. Sus estudios sobre estas y otras figuras son sencillamente imprescindibles para quienes pretendan un conocimiento a fondo también de sus épocas. Augier, fino prosista, se ha detenido en el análisis de la poesía cubana, en sus figuras centrales de los siglos XIX y XX, y en algunas de las líneas creativas más importantes, como es el caso de la poesía social o de textos dedicados a la ciudad de La Habana. Su labor de compilación y de amplio servicio de divulgación y conocimiento de las obras de otros poetas, son ejemplos vivos de generosidad y amor por la poesía.

Alguien decía alguna vez en broma, que a Ángel Augier habría que nombrarlo ya Presidente de Honor de la comisión que organice los actos por su centenario. Puede parecer una feliz idea: no falta tanto, y el poeta está firme y decidido a acompañarnos en tales festejos. Por ahora, deseémosle mucha salud y démosle las gracias por vivir una vida tan extensa, intensa y rica en acciones de valor para la cultura cubana.

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