domingo, 14 de mayo de 2017

Efraín y su canto póstumo a la madre


En la distancia disperso
 

El hermano poeta Efraín Riverón Argüelles nos ha enviado este conmovedor texto que escribió para su mamá unos días después de haber fallecido, en el 2015. El poema forma parte de su libro El otro lado del rostro. El autor (1942, Güines, Mayabeque), radicado hace mucho en Estados Unidos, cultiva la poesía en estrofas de diez versos, por igual en la escritura y en la oralidad, siguiendo el legado de su padre, el emblemático Francisco Riverón Hernández. Efraín ha tenido antes la fraterna gentileza de enviarnos los poemas Desde adentro y Hola, Febrero, que pueden verse en nuestro sitio. Meses atrás, estuvo en Santa Clara como poeta invitado a la Feria Internacional del Libro a su paso por esa ciudad, y participó en la tertulia La décima es un árbol, que dirige Mariana Pérez Pérez. A continuación, su poema de estremecedor luto filial:

EN LA DISTANCIA DISPERSO


A Zoila Argüelles. Mi madre
EPD.

Está tan lejos...
Tan ido....
(Tan solo piensa en su enagua
de adolescencia....
Jimagua fue de aquel tiempo vivido.
Nada gris, ni nada herido;
nada de bullicio a muerte.)
¡El “ay” de todo lo fuerte
arremolinando niebla sobre su sangre!
¿Qué amuebla de oscuridades su suerte?

¿Qué forcejea en los huecos
del aire que se encajona,
donde un polvo de casona
devuelve fantasmas secos?
¿A dónde mueren los ecos
tras amontonar espinas?
¿Y qué ocultan las esquinas
sangrantes de sus latidos,
mientras gimen en los nidos
desdichadas golondrinas?

¿Qué cicatriz para tanto
sangramiento hay que buscar
y se le agoten al mar
las marejadas del llanto?
¿Cómo descubrir un canto
que concluya los dolores?
¿Cómo avivar en las flores
las esencias principales,
cuando ha muerto en los rosales
la madre de los colores?

¿Cómo cristalear a fondo
lo que le masculla el alma
y en el pozo de la calma
ser un remanso redondo?
¿Cómo dejar de ser hondo en lágrimas?
¿Cómo ser el que siempre fue?
¿Volver a ser libre en ala y vuelo
y no ser parte de un cielo
que no sepa amanecer?

¿Cómo no irse de las penas
que le masacran los días;
y menguar melancolías;
y derretir las cadenas
con el fuego de sus venas?
¿Cómo no verse distinto
entre su mente y su instinto
a puro golpe de hacerse..?
¡Ay, Dios mío!
¿Cómo verse y no hallarse en su recinto?

Está lejos...
Ido...
Hecho a dispersada figura,
como una desgarradura
sin final a todo pecho.
¡Cuánta sombra desde el techo
ponen lámparas en él...!
Sigue fuera de su piel,
-amargor de reja a reja-
porque en una sola abeja
perdió su patria la miel.

18-11-2015



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1 comentario:

Efrain Reveron dijo...

Muchas veces no se encuentran las palabras exactas para agradecer ciertos momentos y acntecimientos en la vida. Entonces solo decimos: !GRACIAS! con el valor humano y spiritual que enciarra la frase.Los abrazo