domingo, 11 de agosto de 2013

Veinte años de un espacio semanal comunitario


Dos décadas, lunes tras lunes:
¿Cómo ha sido esta historia?

Una peña de cultura integral se realiza en la biblioteca Tina Modotti, de Alamar, a las 3 de la tarde de cada primer día de semana. Es la Peña de Luis y Péglez, sede del Grupo Ala Décima. La celebración por su aniversario 20 se efectuó a fines de julio, como se había anunciado

Todas las áreas de la institución han sido empleadas, indistintamente, para celebrar la Peña, pero fue en su portal donde se efectuó el primer encuentro.



Cuando surgió, en julio de 1993, con un recital poético de Luis Hernández Serrano dedicado al aniversario 40 de la epopeya del Moncada, ni los promotores del encuentro ni su sede —la biblioteca Tina Modotti, de Alamar, municipio de La Habana del Este— imaginaron que estaban fundando un espacio cultural para quedarse.

Cierto es que la institución que los acogió —desde su fundación en 1973 dirigida por Dineya Vázquez— ya tenía un trabajo de larga data con los escritores y artistas residentes en ese territorio: ocasionales lecturas literarias, tanto en poesía como en narrativa, presentaciones de libros, pequeños espectáculos escénicos en determinadas efemérides, y hasta una tradición nacida en 1990, de celebrar cada 13 de agosto el cumpleaños del Comandante en Jefe Fidel Castro.

Pero fueron los contertulios quienes animaron a los conductores de aquel encuentro inicial a que lo mantuvieran, y lo primero fue incorporar al formato escogido la celebración ya acostumbrada del natalicio del Jefe de la Revolución Cubana, dada la cercanía de la fecha. Después, haciendo camino al andar, como recomendaba Antonio Machado, se estabilizaron aquellas citas cada lunes a las 3 de la tarde —a “la hora en que mataron a Lola” apuntaría más tarde José Alejandro Rodríguez cuando estuvo como invitado—, y también del consenso popular surgió el nombre: Había nacido la Peña de Luis y Péglez.

El árbol de uva gomosa erguido en el área de tierra que da acceso a la institución, ha sido el espacio donde con más frecuencia se ha realizado la Peña. Al decir de Luis Hernández Serrano, “es el único árbol que se pone triste cuando llueve, porque entonces lo dejamos solo y nos vamos para dentro de la biblioteca”.


Personalidades de las diversas ramas de la cultura —en su más amplio sentido— fueron pasando por allí para compartir con el público de la comunidad sus trayectorias y experiencias creadoras: poetas, narradores, artistas de la plástica y la gráfica, músicos y cantantes, dramaturgos, actores y actrices, bailarines y coreógrafos, historiadores y personas que hicieron Historia —léase combatientes de la lucha insurreccional—, pero también deportistas, obreros calificados, médicos de familia y especialistas, incluyendo cirujanos cardiólogos con sus pacientes trasplantados de corazón.

Con la consolidación del temprano sentido de pertenencia en el público habitual —a lo cual aludió en su visita el escritor Francisco López Sacha— la concepción del invitado al espacio cambió, y desde su primer año de existencia empezaron a ser algunos de los propios contertulios —trabajadores de diversas ramas de la vida laboral, muchos de ellos ya jubilados, combatientes de las FAR y el MININT, promotores de la cultura, escritores y artistas aficionados— los que ocuparan, como figuras principales, el centro de muchos de los encuentros.

El primero fue el ya fallecido Eugenio Contino, un albañil retirado tras larga historia laboral en construcciones para la defensa del país. A él, que no se perdía un lunes de la Peña, le dijeron un día sus conductores: “Prepárate para que seas el invitado del próximo encuentro”. A lo cual respondió con turbación: “¿Y yo me voy a sentar en el mismo sillón en que se sentaron Enrique Núñez Rodríguez y el Indio Naborí?”

El encuentro con aquel constructor jubilado fue sumamente interesante y abrió una nueva etapa para la Peña, bajo la premisa de que toda persona es importante, tiene algo que contar que puede ser de enriquecimiento para todos, y la vida de las personas, no importa su estrato social, es parte de la cultura de la nación.

Así se fue asentando la dinámica de este espacio, en el cual han presentado muchas veces sus primeros trabajos muchos creadores de distintas manifestaciones, residentes en el territorio y sus cercanías, alternando con figuras ya reconocidas en sus diversos desempeños. Ya para entonces le nació a la Peña un símbolo: el zunzuncito, a causa de algún ejemplar de esa especie que revolotea frecuentemente entre el follaje de la uva gomosa.

Febrero del 2000 fue un momento significativo en esta sucesión de hechos: La abundancia entre los contertulios de amantes de la historia y de la poesía obró el nacimiento del Grupo 24 de Febrero, encabezado por el combatiente Wilfredo Sánchez, ya desaparecido físicamente; y del Grupo Ala Décima, que en 13 años ha alcanzado dimensión nacional, así como relaciones internacionales mediante su sitio web Cuba Ala Décima, al tiempo que mantiene esta peña como su sede principal y el escenario para sus principales momentos, entre ellos las premiaciones del concurso nacional Ala Décima. Estas se realizan al fondo de la instalación, en un amplio patio limitado por una cerca poblada de buganvilias, convertida así en la flor del Grupo.

En el patio de la biblioteca es donde se celebran los encuentros más significativos, en especial las premiaciones del concurso.


Esa ha sido hasta hoy la tónica de la Peña de Luis y Péglez, actualmente, y desde hace muchos años, con el periodista e historiador Carlos Castro Sánchez como programador y conductor.

Tal se había anunciado, días atrás fue festejado, en la propia biblioteca Tina Modotti, el cumpleaños 20 de esta peña semanal, celebración que como cada año rindió tributo al Aniversario de los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes. Fue su encuentro número 1036, y transcurrió con el aporte entusiasta de poetas, músicos y trovadores amigos de este espacio de cultura integral comunitaria. El Grupo Ala Décima aportó la ceremonia de ingreso de dos nuevos integrantes habaneros, los escritores Ada Isabel Machín y Leonardo Estrada, con la entrega de sus respectivos carnés, luego de la lectura del documento correspondiente.


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