lunes, 16 de agosto de 2010

Poetas cubanos le cantan a Fidel

En el encuentro recibió Carilda
el Premio Maestro de Juventudes

El Pabellón Cuba, sede nacional de la Asociación Hermanos Saíz, fue el sitio escogido para el impresionante recital de poesía «Con Fidel y por la paz», en el que participaron destacados escritores de la Isla

Carilda recibió de Luis Morlote Rivas, presidente de la Asociación, el diploma que acredita el Premio. Foto: Raúl Pupo (Juventud Rebelde)



Poetas cubanos le cantan a Fidel

Por José Luis Estrada Betancourt
Ampliado de Juventud Rebelde


Yo sé que la guerra es probable;/ sobre todo hoy/ porque ha nacido un geranio.

Por favor, no apuntéis al cielo/ con vuestras armas:/ se asustan los gorriones,/ llueve,/ y está el campo pensativo.

Por favor,/ derretiréis la luna que da sobre los/ pobres.

No tengo miedo,/ no soy cobarde,/ haría todo por mi patria;/ pero no habléis tanto de cohetes/ atómicos,/ que sucede una cosa terrible:/ hemos besado poco.


Cuando la t
arde de este viernes en el Pabellón Cuba, sede nacional de la Asociación Hermanos Saíz, la poetisa Carilda Oliver Labra, Premio Nacional de Literatura 1997, terminaba de leer su Declaración de amor, antes de ponerle voz por segunda vez en su vida al Canto a Fidel, quienes no tenían conocimiento de que en el recinto ferial del Vedado se estaba produciendo en esos momentos, convocado por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, el impresionante recital de poesía Con Fidel y por la paz, tuvieron enseguida la certeza de que las grandes voces allí reunidas, con esa lectura simbólica, deseaban «contribuir a esa labor de persuasión imprescindible para evitar una catástrofe».

Así, el también Premio Nacional de Literatura y presidente de la UNEAC, Miguel Barnet, lo explicaba a los presentes, entre quienes se encontraba el ministro de Cultura, Abel Prieto, después de expresar el motivo por el cual otros que, como él, ostentan el reconocimiento mayor de las letras cubanas, estaban a su lado: Roberto Fernández Retamar, Nancy Morejón, César López, Pablo Armando Fernández, además de destacadísimos líricos al estilo de Lina de Feria, Aitana Alberti, Alex Pausides y Alpidio Alonso.

«Ahora, cuando se cierne sobre el planeta la amenaza de una guerra nuclear, nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro nos alerta una vez más sobre este flagelo que podría destruir a gran parte de la especie humana», exponía el autor de Biografía de un cimarrón, al explicar la razón del encuentro, porque con la poesía «aspiramos a salvaguardar los más puros valores éticos y morales, y la paz.

«No es que aspiremos al paraíso perdido ni al edén, sino a una dimensión donde el símbolo más precioso de la humanidad siga siendo la paloma de la paz. Una paz concebida como el más alto y noble proyecto de civilización frente al proyecto bárbaro de la guerra. La poesía es el vehículo más idóneo para conquistar este fin», concluía Barnet antes de dar paso a los poetas que, como escribiera César López, están de este lado.

Entre ellos, la mismísima Carilda, quien también viajó desde su Matanzas para recibir el Premio Maestro de Juventudes, la máxima distinción que entrega la AHS. Después de aceptar de manos del titular de Cultura el cuadro con el inconfundible Martí de Kamyl Bullaudy; y de Luis Morlote Rivas, presidente de la Asociación, el diploma que acredita el Premio, la Oliver admitía que en circunstancias como aquellas lo ideal hubiera sido no hablar, «porque la emoción es silenciosa y se produce bien adentro, en lo que la gente llama corazón o alma», sin embargo, no podía dejar de expresarse tras escuchar el halago que le hiciera, en nombre de los noveles creadores, el teatrólogo Jaime Gómez Triana, vicepresidente de dicha organización.

Por un instante, Gómez Triana se había hecho dueño de las palabras de Gabriela Mistral, quien al leer la rotunda poesía de Carilda la había calificado de «profunda como el metal y dura como altiplano». Recordaba que la chilena también había recomendado divulgarla con justicia.

Por suerte, decía Jaime, la Mistral había sido escuchada y «el magisterio de Carilda se extiende mucho más allá de nuestras fronteras. Su voz peculiarísima forma parte no solo de la lectura de muchas y muchos, sino de la vida misma de quienes han sabido leer sus versos como testimonio apasionado y sincero de la existencia y los han tomado para sí».

Por eso Carilda estaba tan feliz, porque recibió el reconocimiento de esos «jóvenes que siempre han sido dignos y que cada día van creciendo en el amor a la Revolución y Fidel, a la verdad, en el amor a la paz.

«¿Qué les puedo decir? Ustedes están llenos de sabiduría. Nosotros esperamos a mañana, porque mañana va estar llena de ustedes».

Se refería Carilda a aquellos que ayer no quisieron perderse la lectura de sus poemas y los de Retamar, Barnet, César, Pablo Armando, Lina, Aitana, Alex y Alpidio.

Los mismos que, con sus presencias, asimismo exigieron que no se viole la paz, al tiempo que celebraron con júbilo los 84 años de un Fidel, que al decir de Nancy Morejón, tiene fortuna, una sola fortuna: estar,/ entre nosotros,/ por un mundo mejor./ Qué fortuna mayor./ Fidel,/ sin odio y sin hiel,/ abre muros/ y ventanas./ Fidel/ Fidel tiene fortuna,/ una sola fortuna,/ la fortuna de ser/ Fidel.


Texto original en
Juventud Rebelde.



Carilda Oliver Labra
, Premio Nacional de Literatura 1997, Artista Emérita de la UNEAC y Premio Rafael Alberti 2009, cumplió recientemente 88 años. También celebra este 2010 los 60 años de que obtuviera el Premio Nacional de Poesía con el libro Al Sur de mi garganta, recientemente reimpreso en una edición popular de 10 mil ejemplares y presentado en una de sus especiales tertulias. En nuestros archivos, de Carilda, su
Canto a Fidel, texto que cumplió 50 años en el 2007, o versos desbordados de pasión, como los de su Libreta de la recién casada, y sus Décimas a la virgen, así como sus décimas recogidas en Esta cárcel de aire puro. Panorama de la décima cubana en el siglo XX (1900-1959), primer tomo de una importante antología preparada por Mayra Hernández Menéndez y Waldo González López, publicada por la Casa Editora Abril, y presentada recientemente.

Vea además en nuestra sección Decimacontexto: Carilda Oliver: el lugar, el tiempo, el destino... la poesía y Los primeros poemas a Fidel fueron escritos en décimas



CANTO A FIDEL


No voy a nombrar a Oriente,
no voy a nombrar la Sierra,
no voy a nombrar la guerra
—penosa luz diferente—,
no voy a nombrar la frente,
la frente sin un cordel,
la frente para el laurel,
la frente de plomo y uva,
voy a nombrar toda Cuba:
voy a nombrar a Fidel.

Ese que para en la tierra
aunque la luna le hinca,
ese de sangre que brinca
y esperanza que se aferra,
ese clavel en la guerra,
ese que en valor se baña,

ese que allá en la montaña
es un tigre repetido
y dondequiera ha crecido
como si fuese de caña.

Ese Fidel insurrecto
respetado por las piñas,
novio de todas las niñas
que tienen el sueño recto.
Ese Fidel —sol directo
sobre el café y las palmeras—,
ese Fidel con ojeras
vigilante en el Turquino
como un ciclón repentino,
como un montón de banderas.

Por su insomnio y sus pesares,
por un puño que no veis,
por su amor al veintiséis,
por todos sus malestares,
por su paso entre espinares
de tarde y de madrugada,
por la sangre del Moncada
y por la lágrima aquella
que habrá dejado una estrella
en su pupila guardada.

Por el botón sin coser
que le falta sobre el pecho,
por su barba, por su lecho
sin sábana ni mujer
y hasta por su amanecer
con gallos tibios de horror
yo empuño también mi honor
y le sigo a la batalla
con este verso que estalla
como granada de amor.

Gracias por ser de verdad,
gracias por hacernos hombres,
gracias por cuidar los nombres

que tiene la libertad...
gracias por tu dignidad,

gracias por tu rifle fiel,
por tu pluma y tu papel,
por tu ingle de varón.
Gracias por tu corazón.
¡Gracias por todo, Fidel!


En la imagen, Carilda, flanqueada por Retamar y Barnet, declamando en el encuentro su Canto a Fidel. Foto: Yander Zamora (Granma)



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