miércoles, 8 de abril de 2015

Nicolás Guillén: La décima mayor


La estrofa de diez versos
en el Poeta Nacional
 

Un acercamiento a los orígenes del cultivo de la poesía en décimas por parte de Nicolás Guillén, trayectoria que nos lleva por los andares del poeta en el periodismo, y en su empleo de la sátira como instrumento para la lucha por la justicia social










GUILLÉN: LA DÉCIMA MAYOR
 


Nicolás Guillén conjugó la altura del arte mayor con la modestia del llamado arte menor en una poesía que va desde las audaces complejidades estróficas y métricas de la Elegía a Jesús Menéndez a las, por ejemplo, muy simples de cualquiera de sus cincuenta y una décimas de El soldado Miguel Paz y el sargento José Inés.

Como ejemplo de estas, sirva la declamada por el poeta al autor de esta crónica, hace varias décadas, en el recibidor del Gran Hotel de Camagüey:

“En la pintura es bonita
nuestra casita criolla,
mas sin fogón y sin olla
es bien fea la casita.” (1)

Se requiere cierta indagación, sin embargo, para determinar la primera que concibió, dónde se publicó y cuál era su temática. Despejada esta incógnita se continuaría investigando sobre la utilización de esta forma estrófica, tanto para los más íntimos y sensibles propósitos como para las satíricas, burlescas y costumbristas que abundan en su obra.

Sobre el asunto, el propio Guillén refiere en Páginas vueltas (Memorias) que al conocerse que había quedado cesante en la alcaldía, “el director de El Camagüeyano, de nombre Walfredo Rodríguez Blanca, me llamó para que trabajara en su diario […] y comencé como corrector de pruebas, hasta llegar a redactor de mesa”.

Con un salario de veinticinco pesos a la semana, añadía a lo anterior “una sección diaria […] con el título de ´Pisto Manchego´, nombre que designa […] cierta comida de la mesa española [y que] consistía en mezclar los temas de la actualidad nacional o municipal con el anuncio de productos de consumo diario”. (2)

Sobre el origen del tópico el Diccionario de la lengua española Espasa-Calpe, en su edición del 2005, define “pisto” como: “Guiso de pimientos, tomates, cebolla, calabacín y otros alimentos picados y revueltos, que se fríen lentamente”. Añade asimismo que también es “Desorden, mezcolanza”. O que “Darse pisto” es colombianismo equivalente a “Darse importancia”. Pisto aparece asociado a revoltijo. Y agrega que “manchego, ga” equivale a: “De la Mancha o relativo a esta comarca de España”, aunque abunda en que “manchego” también aparece en entradas como oriundo de Castilla.

En la sección se publicaron algunas de sus primeras décimas, según refiere el propio poeta en Páginas vueltas, donde transcribe cuatro espinelas (3) dedicadas a los establecimientos y productos anunciados de manera publicitaria, de las cuales se copia la primera:

“El que quiera presumir/ de buen tipo y elegante,/ debe ver que en todo instante/ el triunfo está en el vestir./ Encuentro de más decir,/ porque sabido lo creo,/ que para huir del choteo/ y alcanzar triunfo sonoro/ hay que ir con Barrios, el toro/ de la calle de Maceo”. (4) Tanto en sus Memorias como en Pisto Manchego el autor consigna el 3 de agosto de 1924 como la fecha de publicación.

Es precisamente en este punto donde surge la confusión, porque más adelante Guillén cita las cuatro publicadas bajo el título ¡Oiga, joven!, dedicadas a su amigo el sastre Elesbaán Torres: “Para vencer en amor,/ en negocios y en política,/ sin darle pasto a la crítica,/ vestir bien es lo mejor./ Entre un sabio que sea honor/ del pueblo en que al mundo vino/ y un gomoso lechuguino/ con una percha que arrastre,/ pierde el sabio, si su sastre/ no tiene buen gusto y tino”. (5)

Al final de la cuarta composición solo figura un (1922), forma de fechaje ajena a la de los pistos, que aparecían acreditados a Interino, con el día de la semana y el del mes correspondiente. Pero existen otras dos aclaraciones importantes. La primera es que en 1922 el joven Guillén no trabajaba en El Camagüeyano, y la segunda consiste en que este texto no figura, obviamente, en la recopilación de Pisto Manchego realizada  por el periodista y escritor Manuel Villabella. (6)

Mas, el asunto no debe darse por concluido, pues pudiera existir alguna confusión en el fechaje de estas últimas décimas. Sin embargo, sería más razonable aceptar que, con lo anterior, el poeta quería significar que las citadas fueron las primeras de este corte, por estar dedicadas a quien se reconoce como uno de sus amigos más cercanos en aquella época. Sobre esto, el también poeta camagüeyano Luis Suardíaz (1936-2005) apuntaba datos de interés en un artículo publicado en la página web Puerto Príncipe Cultura, de Camagüey.

No existen dudas, desde luego, de que en la referida sección fueron significativas las décimas de Guillén, quien también incluyó octosílabos con rimas consonantes y asonantes, sonetos, diálogos, escenas teatrales, glosas, epigramas y otras formas literarias y periodísticas, según las conveniencias y las motivaciones que inspiraran el tema del día o, por supuesto, de acuerdo con sus preferencias al abordarlo.

En cuanto a cuál fue la primera, sobre lo que no parece que deban existir dudas, Suardíaz explicaba que luego de abandonar sus estudios de Derecho, Guillén retornó en 1922 a Camagüey, lo atrapó el periodismo (7) y, debido a ello, comenzó a ganarse la vida escribiendo la sección Pisto Manchego de El Camagüeyano.

Mas añadía: […] “al evocar esta etapa, Nicolás afirma que entre 1922 y 1927 no escribió un solo verso. Pero no fue exactamente así”. Su precisión se debe a que en “una hoja suelta cuyo objetivo era divulgar las virtudes profesionales de su amigo, el sastre Elesbaán Torres”, transita “por vez primera, hasta donde sabemos, por el cauce de la décima”.

A continuación citaba la tercera de aquellas: “Es harto frecuente el caso/ de que un Juárez sin mollera/ se pase la vida entera/ sin saber lo que es fracaso./ Le sale bien todo paso/ que dé en pos del porvenir,/ y si no puede decir/ que su inteligencia es fina, alaban su gabardina/ y elogian su casimir”. (8)

En su artículo sostenía que el tono humorístico empleado aquí para promover el trabajo decoroso de un amigo, le sirve a Guillén para iniciarse en la crítica social y distanciarse de los severos sonetos y de las elegías amorosas. “A partir de ese momento”, añadía, “su obra se enriquecerá con la sátira, la ironía, el humor, la malicia, sin que descaezcan o se abandonen los temas capitales de su tiempo”.

Luego de perseguir sus décimas por estos vericuetos, casi comparables con los laberintos de las calles camagüeyanas, se descubre en el poeta una simbiótica relación entre el tono de la elegía, a veces lamento, y la hilaridad muy frecuente en sus décimas, donde yace su veta satírica superior.

Entiéndase, sin embargo, que esto es sin que dejen de converger en ellas, con enorme frecuencia, la risa y el dolor, la burla como arma, el choteo como terapéutica y la espinela como vehículo, cuya expresión más significativa, digamos dual e inicial, se encuentra en aquel suelto promocional sobre el sastre Elesbaán Torres y posteriormente en Pisto Manchego.

Desde el 24 de marzo de 1924 hasta el 30 de agosto de 1925, las crónicas de  esta columna versaban más sobre comentarios de actualidad acerca de anuncios con, a veces, versitos de ocasión, a los cuales el autor les impregnó su propio estilo, atrevido para la época, pero que se ha calificado reiteradamente como muy divertido.

Tal vez debiera reconocerse como lo más meritorio de la sección y de esta parte de la obra trascendente de Guillén que en ella aparece esta manifestación de su arte poético, la que luego llegó a tener enorme significación en sus textos de crítica social y política en la prensa comunista de Cuba e, incluso, en otros diversos países.

La espinela de Guillén esperaba aún, sin embargo, su oportunidad para el ascenso a la condición de arte mayor, como expresión de lo culto y lo popular.





(1) Décima III de El soldado Miguel Paz y el sargento José Inés, que continúa: “Quien la canta no la habita, / pues si habitarla quisiera, / muy de cerca entonces viera / más de un cuadro doloroso / y así su canto elogioso / un grito de rabia fuera.” Nicolás Guillén, Obra poética, tomo I, ed. Letras Cubanas, La Habana, 2011, pp. 223-224.

(2) Nicolás Guillén: Páginas Vueltas (Memorias), Ediciones Unión (UNEAC), La Habana, 1982, p. 49.

(3) Vicente Espinel (1550-1624): Poeta, novelista y vihuelista español, quien fijó la estructura de las rimas de esta composición como más generalizadamente se conoce (abbaaccddc).

(4) Nicolás Guillén: Ibídem, p. 53-54. Del propio autor, Pisto Manchego, tomo II, ed. Letras Cubanas, La Habana, pp. 15-16.

(5) Nicolás Guillén: Páginas Vueltas (Memorias), Ediciones Unión UNEAC), La Habana, 1982, pp. 55-56.

(6) Manuel Villabella: Periodista, dramaturgo y escritor camagüeyano; compilador y autor del estudio introductorio a los tres tomos de Pisto Manchego, ed. Letras Cubanas, La Habana, 2013.

(7) Ángel Augier refiere que el 10 de enero de 1923 apareció en Camagüey la revista quincenal Lis, de la cual salieron diez y ocho números. Ver: Cronología, Obra poética, tomo II, ed. Letras Cubanas, La Habana, 2011, p. 564.

(8) Nicolás Guillén: Ídem 5.





Vea la versión original, mediante el siguiente enlace, en el periódico Trabajadores: Guillén: La décima mayor





ANTERIOR DE ERNESTO MONTERO
SOBRE NICOLÁS GUILLÉN EN NUESTRO SITIO:








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