martes, 10 de julio de 2012



Estos Césares,
para nada
perdidos


Presentación del poemario
Los Césares perdidos Premio Iberoamericano Cucalambé 2008, de Odalys Leyva Rosabal—, en el Catauro de la décima de la XLV Jornada Cucalambeana. Las Tunas, 30 de junio de 2012.


Dice Frank Padrón que es curioso que el lector común acepte como lo más natural del mundo que el narrador asuma en su obra los más disímiles personajes, y sin embargo se sorprenda cuando el poeta, en sus textos, hable desde voces que no son la propia. Es como si entendiera un pecado de lesa literatura que el escritor de poesía delegara su opción de sujeto lírico en otros seres, a veces bien distintos entre sí, a veces bien distantes del autor en términos temporales, geográficos e incluso espirituales.

Es el juego de máscaras, proceder escritural que aprovecha para la poesía ganancias de la dramaturgia, más que de la narrativa, y que ha alcanzado entre nosotros últimamente enjundia y apetencia, no sin arrostrar los riesgos de la poca costumbre y los que el propio procedimiento encierra.

En esa línea de asunción de tales desafíos se inscribe Los Césares perdidos, poemario en décimas con el cual alcanzó el Premio Iberoamericano Cucalambé 2008 la escritora Odalys Leyva Rosabal, nacida en Jobabo, Las Tunas, en 1969, y residente desde niña en Guáimaro, Camagüey, desde donde dirige el grupo iberoamericano de poetisas Décima al filo.

El telón de fondo escogido es la antigua Roma, como dije en el prólogo “aquella Roma clásica de república y esclavos y senado y dictadores, con cuya arquitectura grave y aristocrática se diría que ha sabido Odalys contaminar la armazón léxico-tropológica de su conjunto poético”.

Aquí Odalys se trasviste y caracteriza, bien como Cleopatra —a la cual acude una y otra vez, en cierto modo como hilo conductor de la mascarada—, bien como cualquiera de las otras figuras, femeninas y masculinas, heterosexuales u homosexuales, que protagonizaron en verdad la Roma de la época.

Se sumerge uno en estas páginas y se antoja uno allí, ganado por las habilidades de la autora para envolvernos en su juego de evocaciones, para el cual aprovecha ecos de la oratoria, el teatro y el coro polifónico, tan acertados por distintivos para tales propósitos.

Pero como también dije en el introito del volumen, no es este entrampamiento el fin último de esta obra poética, sino antes bien el aprovechamiento de tales evocaciones para echar luz —oh vocación liberadora de la dominante cultural de la posmodernidad— sobre males contemporáneos.

Acaso por eso, de cuando en cuando, nos trae y retrotrae al mundo actual con referencias ajenas al contexto en que nos sabe atrapados, echando mano a rupturas del hijo dramatúrgico, que se perciben de algún modo emparentados con los procederes del extrañamiento brechtiano.

De la magnitud con que logra Odalys tales intenciones, por supuesto dirá el lector la última palabra. Pero mientras tanto, vaya desde aquí nuestro beso fraterno hasta Odalys, que en Guáimaro se recupera de una complicada intervención quirúrgica efectuada en La Habana, con el deseo expreso de restablecerse prontamente para continuar aportando espacios, desde el Grupo Décima al filo, a la promoción de nuestro universo de la poesía escrita en décimas.

Desde este humilde estrado del presentador, sugerimos a quien adquiera y lea estos Césares, para nada perdidos, trasladar a la autora sus apreciaciones, y también los cariñosos deseos de su recuperación completa.

Muchas gracias.



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