domingo, 27 de mayo de 2018

Pedro Péglez, Premio Samuel Feijóo


Otorgado por la Sociedad
Económica Amigos del País

Ampliado del sitio web de la UNEAC


La Sociedad Económica Amigos del País otorgó el premio Samuel Feijóo de poesía sobre medio ambiente 2018 al destacado poeta, periodista, historietista y promotor cultural Pedro Julio González Viera: el Pedro Péglez de los amigos, de los colegas, de los amantes de su poesía.

Este premio, que conceden las secciones de cultura y medio ambiente de esta sociedad, constituye un reconocimiento de gran relevancia por ser otorgado a “intelectuales de alta valía que han hecho con su poesía un aporte de peso a la cultura nacional, exaltando el medio ambiente y la naturaleza cubana”.

En las palabras para la entrega de la alta distinción, el Doctor en Ciencias Filológicas Virgilio López Lemus, destacó la labor de Pedro Péglez, un poeta que construye nuevos universos a través de su poesía y “que ha contribuido significativamente al estudio de la décima criolla”. Además mencionó a los poetas que han sido galardonados en las ediciones anteriores del premio: Roberto Manzano, Dulcila Cañizares, Alex Pausides, Jesús David Curbelo, Alpidio Alonso, Waldo Leyva, Ricardo Riverón Rojas, Renael González Batista y Rolando López del Amo.

El poeta galardonado en esta edición, cuenta con un amplio currículo como escritor, entre sus libros se encuentran: Viril mariposa dura, (In)vocación por el paria (Premio Iberoamericano Cucalambé, 2000) y Con diez que se quieran bien: una recopilación de comentarios con aproximaciones a la décima escrita contemporánea mediante valoraciones, fundamentalmente, de libros premiados en los concursos Cucalambé y Francisco Riverón.

Péglez ha sido merecedor de múltiples reconocimientos a lo largo de su vida, por su obra literaria y por su labor en el periódico Trabajadores. Además, se desempeña como presidente del Grupo Ala Décima, el cual reúne a escritores amantes de la estrofa nacional y que cuenta con un reconocido prestigio dentro del ámbito nacional, con filiales funcionando en diversas provincias del país.

Pedro Péglez posee un amplio reconocimiento también por su humildad y por abrirle camino a los jóvenes” —señaló López Lemus— “Su labor en torno a la poesía de la naturaleza insular justifica por sí solo la entrega de este galardón, el cual se enriquece con su obra digna”.

Versión original en sitio web de la UNEAC:


 El poeta laureado con Adamelia, hija de Samuel Feijóo y albacea de su obra. (Cortesía de Adamelia)

Péglez con su madre adoptiva, Migda Martínez, mamá de Yazmina Calcines, su compañera en la vida y las letras. (Foto: Yamilet Calcines)


Palabras de presentación por el Doctor en Ciencias Filológicas Virgilio López Lemus:

Queridos amigos y colegas:

Este año cumplimos con entregar el décimo Premio Samuel Feijóo de Poesía sobre Medio Ambiente, que la Sección de Cultura otorga en coordinación con la Sección de Medio Ambiente, y que se ha convertido en uno de los premios de mayor relieve de la Sociedad Económica de Amigos del País, por ser otorgado a intelectuales de alta valía que han hecho con su poesía un aporte de peso a la cultura nacional, exaltado el medio ambiente, la naturaleza cubana rural y urbana, el uso de la décima criolla y la expresión humanística de solidaridad y amor.

En las ocasiones anteriores fueron premiados los poetas Roberto Manzano Diaz, Dulcila Cañizares, Alex Pausides, Jesús David Curbelo, Alpidio Alonso Grau, Waldo Leyva Portal, Ricardo Riverón Rojas, Renael González Batista, y Rolando López del Amo.

Este año 2018 premiamos al distinguido poeta, animador cultural y periodista y Pedro Julio González Viera, muy conocido como Pedro Péglez.

Péglez acumula más de cincuenta obras publicadas entre libros, folletos, e-book y otros medios de publicación, y una cantidad de premios literarios que no es posible desglosar aquí. Su labor en el periódico Trabajadores es ya legendaria, con una consecutiva misión de reseñar libros y de abrirle espacio a la décima publicada por decenas de poetas de todo el territorio nacional. Ha privilegiado a la décima en su creación personal, pero asimismo ha editado libros dedicados a la infancia, y como es historietista, también son muchos sus trabajos en este sector. Péglez es persona de lujo en las Jornadas Cucalambeanas de Las Tunas, donde brilla por su obra, por los premios que ha ganado allí y por sus aportes al estudio de la décima criolla. No es posible, por lo apretado del tiempo, que nos detengamos en exponer el riquísimo currículo del premiado, pero recordemos al menos entre sus obras los decimarios Los estertores del agua (1998), Viril mariposa dura (2001), (In)vocación por el paria (2001), La noche es ella (2001 y 2013), El ácana diluvia (2001), Tribulaciones del arca (2002), Paflagonia de noche según el condenado (2003), Cántaro inverso (2005), Donde dice primavera y es otoño (2007 y 2009) y el poemario en versos libres Últimas puertas podadas por la nieve (2005), así como Rumor de Pan (2009) y Para otra versión de la ceniza publicado en Estados Unidos en 2012.

Desde el 2000, preside el Grupo Ala Décima, de poetas escritores con preferencia por la décima, con base en Alamar. Desde el 2006, dirige y edita el sitio web Cuba Ala Décima, del mencionado Grupo.

Su obra literaria es conocida y ha sido publicada en España, Chile, Estados Unidos de América y otras naciones, Péglez tiene en torno suyo un amplio reconocimiento también por su humildad, su deseo constante de abrirle camino a los jóvenes y a poetas de todo tipo. Su labor en torno a la poesía de la naturaleza insular justifica por sí sola la entrega de este galardón de la SEAP. Nos honramos honrando a Pedro Péglez. El Premio Samuel Feijóo de Poesía sobre Medio Ambiente se enriquece con su obra digna y en proceso de crecimiento.

Muchas gracias.



Palabras de agradecimiento de Pedro Péglez González:

Buenas tardes.

Unas breves palabras para agradecer este Premio sinceramente, con todo el corazón, a la Sociedad Económica de Amigos del País, aunque debo decir, con la misma franqueza, que lo recibo con cierta dosis de desasosiego, pues no me acompaña precisamente la certidumbre de merecerlo.

Conozco la trayectoria de este galardón. Sé que a juicio de esta alta institución, ha sido acreedora de él una amplia nómina de relevantes escritores, ante cuya obra, como ante la obra de ese colosal creador que ha sido, es y será siempre Samuel Feijóo, no me he podido sentir nunca otra cosa que un humildísimo epígono.

No queda, sin embargo, otro camino que el de acatar la decisión con respeto agradecido y con los ojos enrumbados hacia nuevas estaciones de servicio al ser humano y su entorno, con lo cual me provea al menos la tranquilidad de no defraudar, y mejor si validar, la elevada deferencia de este lauro.

En mi opinión, los empeños por la preservación del medio ambiente —preocupación y ocupación ejemplares de esta institución— no se circunscribe, en el caso de la poesía, a aquella que enaltece, cantándole, a la naturaleza, sino que va más allá, a todo lo que se encamine a la elevación espiritual del hombre, al que una vez Feijóo calificó como el animal más depredador del mundo.

Consecuente con esa convicción, en mi modesto ejercicio de la misteriosa faena poética, he lanzado recipientes virtuales al océano de la existencia, sin que por ello me haya sentido punible por crimen de lesa ecología, tal como expresé en el poema que lleva ese título y que hace un guiño cómplice, contradiciéndolo cariñosamente, al más universal de todos los cubanos:

Lancé botellas al mar.
De la mañana a la noche.
Soy culpable de un derroche
de envases para el azar.
Gasté el aire de aspirar
en suspiros. Soy culpable
de opacar la brisa amable
con mi hálito. Con el humo
del tósigo que consumo
contra el viento. No me es dable,
por tan poco, ser salvado,
verso, y por mí te condenan
al agua. Y contigo penan
mi sed, mi flor, mi candado
a cierto portón, a un dado
que se encamina al bazar.
Tú puedes, verso, escapar.
Sálvate tú, verso amigo.
Yo cumplo con mi castigo:
Lanzo botellas al mar.

Al reiterar agradecimiento y compromiso, ruego al mismo tiempo se me permita recibir este lauro como el discípulo que soy de Jesús Orta Ruiz, el Indio Naborí, padre espiritual de todos los poetas contemporáneos con preferencia por la décima, estrofa de indiscutible valor identitario y de incuestionables servicios al amor por la naturaleza y el subsecuente accionar en su favor, y también en nombre de todos mis hermanos poetas del Grupo Ala Décima y de todas las agrupaciones decimísticas que hoy, en número mayor a la decena, trabajan articuladamente en favor de la elevación espiritual de los seres que cohabitan el planeta.

Si algo fuera necesario añadir desde el ámbito más reducido de mi persona, que lo hagan por mí los versos de José Martí:

Cuando me llegó el honor
de la tierra generosa,
no pensé en Blanca ni en Rosa,
ni en lo grande del favor.

Pensé en el pobre artillero
que está en su tumba, callado.
Pensé en mi padre, el soldado.
Pensé en mi padre, el obrero.


Muchas gracias.








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