miércoles, 9 de abril de 2014

Jesús García recordado por Leandro


“Eso era Tuto, una torre”
 

Jesús (Tuto) García (Matanzas, 1954-2010) es una de las voces más importantes del repentismo cubano en el siglo XX. Ha dejado una extensa obra (décimas escritas inéditas, programas de radio y televisión, y, sobre todo, múltiples controversias grabadas en las canturías), que constituye un patrimonio de innegable valor artístico y debe ser promovida y estudiada





Por Leandro Camargo
Destacado poeta repentista
nacido en Pinar del Río.
Profesor e investigador.



 
… pero mañana yo también habré muerto y se confundirán nuestros tiempos y la cronología se perderá en un orbe de símbolos…

Jorge Luis Borges. A Leopoldo Lugones.



1

Cuando cantaba, alzaba los ojos al cielo. Su serenidad era una muralla donde crecía el tallo de su canto. Esa savia profunda, sabía conducirla: grandeza de poeta. A veces respondía en cuatro versos con la fuerza de pocos, y venía el aplauso, la admiración, el grito múltiple. Pero la décima no declinaba, seguía desenvolviéndose como en un vórtice, hasta el final. Entonces era el asombro.

Desdeñaba el alarde tropológico, aunque no el tropo, claro. Su maestría era el hallazgo, la fluidez, la seguridad en sí mismo. Pero su verso no carecía del chispazo lírico, de la juventud de la imperfección. Era, lo que se dice un clásico; salía a encontrar la idea o encontrarse con ella sin temor al error, y habitaba el lenguaje y era habitado por él en la justa medida. De ahí provenía su singularidad como poeta, su dominio del público y su valentía verbal, siempre coherente con su postura erguida y su impasibilidad en el escenario, sus gestos lentos.


2

Conocí a Tuto García a los dieciséis años, en un lugar llamado Peñas Altas, a la salida de Matanzas. Él era toda una leyenda; yo, un muchacho apenas conocido. Allí cantamos, y al terminar el diálogo poético, donde no faltaron los aplausos que levantó con sus décimas, surgió entre nosotros una amistad que continuó hasta hoy, matizada por mi juventud y su experiencia aleccionadora. Cantamos, después de eso, pocas veces (azares o destino), aunque sí coincidimos en múltiples canturías, la última de ellas en un lugar donde nunca habíamos estado juntos: Güira de Melena, una casa, junio del 2010. Tarde lloviznosa, con un poco de calor, de esas que hacen los veranos más reales. Pero canté con Yoslay García (uno de sus amigos y poetas más cercanos) y me tuve que ir antes de escucharlo en el cierre con Omar Mirabal. Unos días antes de su muerte, lo llamé a su casa.


3

Uno de los misterios definidores de Tuto, que no todo el mundo sabía ver, era su canto ronco, pero con cierto aire triste; una ternura cautivadora que contrastaba en apariencia con su verso y que alcanzó tintes líricos y emotivos en su hermano Manolito. El sino trágico de la familia (varios hermanos poetas, fallecidos sin mucho tiempo de por medio), hizo más legendaria su fama como improvisador, justamente ganada en la praxis creadora. A esto súmese que, como pocos, Tuto lograba adentrarse en el gusto popular, sin haber sido jamás un poeta humorista ni ceder en su concepto de exigencia estética. Empleaba referentes de la vida cotidiana y de la tradición campesina, integrándolos de manera original y conceptualmente eficaz a su discurso, más allá del riesgo de los lugares comunes, que en él, cuando se daba el caso, adquirían carácter de renacimiento; eran rebautizados, como si hubieran sido dichos por primera vez. Muchos sentían el placer de memorizar sus versos, y él sabía como nadie acceder a ese reino, dónde estaban las minas de la sensibilidad.

Quién no rompió las piñatas
de los corojos maduros
y no trepó por los duros
pararrayos de las matas.
Quién no le amarró las patas
a los gallos españoles,
y ya cuando los faroles
se ponían amarillos,
no volvió con los bolsillos
hinchados de caracoles.

Limpieza de la imagen en la última redondilla, de exacta selección de rimas y distribución de lexemas. La sobriedad verbal de Tuto, apoyada en la fuerza comunicativa de la presencia, le hacía construir una décima sin muchos enrevesamientos sintácticos ni tropológicos, fácil para la memorización. Respetaba la estructura tradicional de la espinela cantada, marcando no sólo la pausa en el cuarto verso, sino buscando la mayor redondez posible en la primera y la última redondillas, sin que el puente cayera, pues allí buscaba lo mismo: concisión y fuerza, y unidad semántica del todo. Hacía, por tanto, un uso atinado de los conectores; pero en él los pero, los porque, las y, estaban reforzados por la energía de lo dicho, no eran facilismo ni simple acomodamiento constructivo. Sus encabalgamientos eran generalmente suaves, y cuando los empleaba, lo hacía con elegancia, de modo que se articularan rítmicamente en lo expresivo de la estrofa. Aquí viene como anillo al dedo la metáfora de la décima como pequeña torre, porque eso era Tuto, una torre, un poeta firme y seguro de sí, cuya estabilidad en la escena, sensibilidad y dominio de su arte, le permitían una sostenida calidad a lo largo de cada presentación.

Dada su capacidad excepcional para la riposta, en cualquier momento podía salir de su voz la redondilla o la décima de la tarde, aquella que más emociona al público. En su última controversia con Omar Mirabal, este le dice que la tierra es hija del mar, y él le responde:

La tierra es hija del mar
y ojalá que se le olvide,
porque si un día la pide
se la tendremos que dar.

Más adelante canta estos versos, sencillos y eficaces:

…en eso tienes razón:
si a los que no son les damos
la razón, ¿cómo es que vamos
a demostrar que no son?

Tuto García es una de las voces más importantes del repentismo cubano en el siglo XX. Ha dejado una extensa obra (décimas escritas inéditas, programas de radio y televisión, y, sobre todo, múltiples controversias grabadas en las canturías), que constituye un patrimonio de innegable valor artístico y debe ser promovida y estudiada, junto a la de otros repentistas, para que la historia de la poesía oral improvisada tenga el reconocimiento que merece, más allá del aparente olvido que imponen la escritura en el viento y el abandono de las academias (de algún modo, también, scripta volant, verba manent).


4

Hace unos días, con esa precisión que tiene lo onírico para mezclar los deseos reales y lo imprevisto, soñé con Tuto. Estaba en la Casa Naborí, sentado comúnmente en la escalera que sube al escenario por la izquierda (cosa que él nunca hacía); delante, unas tablillas de cañabrava que apartan el lugar de la visión del público. Me acerqué, y al descubrir que era un sueño, en esa oportunidad quizás irrepetible que me daba el subconsciente, me decidí a interrogarlo. La pregunta (trataba, por supuesto, sobre la poesía) es imposible de reformular; yo andaba falto de seguridad y es muy probable incluso que no la hiciera. Pero, para mi sorpresa, salió con un consejo: Lo que tienes que hacer es decir lo que quieres decir, me dijo. Esa vez el sueño no se deshizo en el sueño, como el agua en el agua.




EN ESTA SECCIÓN DECIMACONTEXTO:

Orismay Hernández reporta homenaje a Tuto. Tributo en décimas de repentistas en el concurso Justo Vega, al conocerse la pérdida de Jesús (Tuto) García.






1 comentario:

Diego López Vergara dijo...

Escribe Diego López Vergara. Excelente comentario de este gran poeta, ojala y mandaran mas poesías de estos grandes poetas cubanos, para nutrirnos,
Gracias Camargo, nos concimos en la pasada jornada cucalambena al igual que a Pedro Pegle, a quien ya conocia por fotografías, reciban un fuerte abrazo desde Tlacotalpan, Veracruz, México.